Los seis obstáculos de una escort

Culpabilidad

Es difícil substraerse a la influencia con que las costumbres sociales o las creencias marcan nuestros actos, ya que esto implica pertenecer a esa minoría que la sociedad señala como personas con costumbres o moral sospechosa, esto en el mundo civilizado, porque en otras sociedades más influenciadas por estas condicionantes las consecuencias pueden ser desde el vacío social hasta la muerte incluida su legislación.

Las personas que eligen ser escorts lo hacen prácticamente en su totalidad como salida a situaciones extremas que viven, para esta elección no hace falta tener unas condiciones específicas sino una percepción profunda de estar solas ante su realidad. Esta elección puede ser positiva, (me refiero a no vivir situaciones donde la escort no pueda decidir hasta dónde quiere llegar), o no dependiendo del estado emocional con el que asuma la profesión de escort.

Una persona con una tradición familiar donde el valor intrínseco de la mujer es su castidad y su capacidad de sacrificio ante los designios de la vida, asumirá esta profesión como su última salida y sentirá una gran culpabilidad por esta elección no sólo por lo que personalmente supone, sino por la posibilidad de ser descubierta, que significaría su estigma definitivo.

La escort que elige este trabajo con una procedencia más laica donde la mujer separa el sexo de su condición de mujer y desea autonomía para su futuro, percibe esta decisión como una forma más de conseguir un objetivo económico, más puntual o menos, pero sobre todo asume que su decisión solo le incube a ella, por lo que el condicionante social no la influye con esa carga de culpabilidad de las anteriores.

Soledad

El ambiente de las escorts suele ser empático y aunque no es el paraíso, sí que se combate la soledad con lo que funciona “mucho humor” y poca “solemnidad”.

El concepto de la soledad se vive por lo general como un sentimiento de rechazo o de olvido social o familiar hacia nuestras necesidades incluso las dos situaciones simultaneas, pero en el caso de las escort hay una situación específica y es el autoaislamiento al que se ven avocadas, vivan o no con culpabilidad su trabajo .

Por una parte si comparte su secreta profesión puede pasar

En negativo:

Que la gente se sorprenda, y empiece a evitar el contacto, los efectos secundarios suelen ser las habladurías, con las consiguientes sonrisitas burlonas o lascivas de los amigos mutuos.
Que le creen un perfil de persona interesada y sin escrúpulos, cuando no de corta o viciosa.
Que utilice a la escort como pagafantas para sus necesidades económicas o sexuales.
En positivo:

Que se pasen el rato dándote soluciones para salir de ese mundo pérfido y cruel.
Y el mejor de todos que lo acepte y respete la decisión, ofreciendo su ayuda cuando lo necesite.
Si sentimos la soledad como la ausencia de amor o de amistad, hoy día hay muchas vías por las que contactar con personas afines a nosotros sin estar esperando a que la suerte nos acompañe o que el azar nos traiga lo que deseamos, lo importante es no hundirnos en la monotonía de pensar que las cosas son como son.

Pero si la soledad es un sentimiento indefinido de vacío y de tristeza, quizás la escort ha de plantearse un cambio en su vida y dejar por un tiempo este difícil trabajo, para el que se requiere seguridad y un espíritu fuerte, en ocasiones lo más productivo es lo que nos da paz y esperanza, cosa que no siempre conseguimos con dinero.

Dependencia de la imagen

Es cierto que una imagen vale por mil palabras, pero esto sólo ocurre en el mundo virtual, ser escort no es simplemente un cuerpo con medidas de infarto. La feminidad, la fantasía, sensualidad, humor, conversación inteligente y claro está... una gran disposición para satisfacer sexualmente al acompañado, son cualidades que definen el carisma siempre distinto de cada escort y que no tienen nada que ver con el sistema métrico decimal.

En la seducción interviene mucho más la empatía, la naturalidad y una imagen cuidada y mucho menos la matemática de unas medidas en concreto o una determinada edad. El magnetismo de una personalidad atractiva acompañado de un buen físico es infinitamente superior a un simple físico de infarto.

Envidia

Este pecado semi capital que se camufla de humor o infantilidad porque su verdadera naturaleza es ridícula y mediocre, puede complicarnos inútilmente nuestras vidas, tanto si la sentimos como si somos sus víctimas.

Sólo la cooperación moderadamente competitiva diluye esta piedra en el zapato, la discreción que ofrecen los éxitos o desastres compartidos no provocan este sentimiento de inferioridad al repartir protagonismo a partes iguales.

Eso sí las personas dotada de carisma e inteligencia deben tener presente que las malas lenguas de los envidiosos les perseguirán de por vida, por lo que deben entrenarse en la filosofía de “no hay más desprecio que el no aprecio”.

En el mundo de las escorts suele ir unido éxito y belleza, por lo que la envidia está muy unida al sentimiento de inferioridad de la persona que la siente.

La situación de no ser escogida como acompañante se traduce en decepción y la búsqueda del descredito de la persona exitosa, los resultados de esta táctica son más importantes para la persona que envidia, que para los demás, pero ya se sabe la unión hace la fuerza y de un granito de arena se puede hacer una montaña.

Pereza mental

El trabajo de escort implica vivir la intimidad de la personas que se acompaña, si pensamos que todavía las playas nudistas producen problemas morales o la inclinación sexual veta según que trabajos, podemos entender que a pesar de lo modernos que creemos ser, los antiguos tabús morales siguen, no en pleno auge pero sí muy presentes todavía en la mentalidad de la sociedad independientemente de su intelectualidad.

La escort ha de luchar continuamente por valorarse ante la sociedad, porque al mismo tiempo puede ser tratada de víctima y de verdugo, dependiendo de la inclinación política, religiosa etc...de la persona que la valore.

Otra cosa es la gente aprovechada que trata de manipular los sentimientos y situaciones para sacar provecho de una forma ruin de los ingresos de una escort, por lo que cuidado con los decorados paradisiacos, los aduladores en eterna crisis económica, y como no, los salvaprincesas con soluciones mágicas.

Una escort ha de ser una persona activa, luchadora y rebelde para sobrevivir a los prejuicios y las estafas de la sociedad que se ceban siempre en las minorías desprotegidas.

Los seres humanos acumulamos virtudes o vicios dependiendo de la situación que más repitamos, entonces.

¿Por qué nos cuesta tanto cambiar cuando algo no nos gusta? Salir de esa zona de seguridad mínima que nos proporciona la rutina o las costumbres y que consecuentemente nos lleva a la pereza mental, donde el pensar cansa y nos complica la tranquilidad con la que asumimos el falso confort con el que vivimos.

Sólo cuando percibimos las consecuencias negativas de nuestros actos es cuando nos planteamos nuestra resistencia al cambio y surge nuestro lado crítico que plantea el análisis y la experimentación, que por fortuna en la mayoría de ocasiones suele llevarnos al progreso.

Cuando esta pereza se lleva al límite se convierte en la procastinación que es la aversión total a tomar decisiones, retrasando y manipulando los argumentos para retrasas los cambios.

Aunque los escépticos no son procastinadores en sí, comparten esta aversión a los cambios no por pereza si no por la poca fe que tiene en el ser humano y sus posibilidades, coleccionando toda clase de desastres pasados para argumentar su inmovilismo.

Los conformistas es otra variedad de pereza mental, una previsible estabilidad les llevan a no tocar nada, antes de enfrentarse a un posible dilema en su rutina.

Entendiendo que, lo que no se puede cambiar hay que aceptarlo, el rebelde o inconformista no se conforma con aceptar la situación de por vida, si no que lejos de promover una ruptura abrupta, apuesta por las modificaciones y la búsqueda de mejoras, que es una forma de ir a Mahoma si Mahoma no viene.

Compromisofobia

Para las escorts el compromiso ha de ser claro y contundente, este trabajo no es una válvula de escape o una afición, ha de ser una salida meditada y comprometida a una mejoría económica para una finalidad muy clara. Si no es así, el peligro de que cree más problemas que beneficios es real y en ocasiones insuperables.

Hemos pasado de tener una vida casi completamente organizada por las tradiciones y costumbres en el siglo pasado, al concepto de que la libertad está en comprometerse lo menos posible con nada ni con nadie, con lo que la palabra compromiso, que en sí, es dar fe de que asumimos las consecuencias de nuestros actos, hoy día se percibe como un obstáculo o rémoras en nuestras vidas y de las que tenemos que huir.

Al mismo tiempo hoy día en la sociedad más libre que ha vivido la historia, la soledad se ceba con personas de todos los niveles sociales e intelectuales, el estrés afecta por igual a personas con trabajo como sin él, y las ideas sobre nuevas enfermedades, desastres ecológicos, estafas online, saturan las noticias despertando el miedo y la inseguridad en la sociedad, exacerbando más esta sensación de incertidumbre hacia cualquier proyecto que nos comprometa.

La palabra compromiso se ha convertido en el anverso de libertad y su significado está más mediado por la idea de asumir una obligación que no deseamos, que con la verdadera esencia de la palabra que es la voluntad y la fuerza para luchar por los objetivos que elegimos y que nos ilusionan, o no, pero por los que apostamos.