Ildefons Cerdà

Nació en Centella, Osona de Barcelona en una propiedad de su familia el Más Cerdá de la Garga. Era el cuarto de seis hermanos y las raíces de su familia están documentadas en la plana de Vic desde 1440 su familia de tradición liberal y ascendencia rural tenia ingresos a través del comercio marítimo americano.

En 1832 se trasladó a Barcelona para estudiar matemáticas, arquitectura y náutica en la Escuela de la Llotja, tras negarse a seguir los estudios eclesiásticos a los que su padre lo había destinado en Vic pero no consiguió el título de arquitecto por lo que en 1835 se traslada a Madrid para estudiar en la escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y puertos. Tras muchas estrecheces por la falta de apoyo de su familia obtiene en 1841 el título de Ingeniero, trabajando como ingeniero Estatal en la Jefatura de Obras Públicas entre 1839 y 1849, tuvo destinos como Murcia , Valencia, Teruel, Tarragona, Gerona y finalmente Barcelona , donde colaboro en las obras del primer ferrocarril español, la línea Barcelona-Mataró.

Realizo síntesis estadísticas para diferentes tipos de viviendas tanto casa aisladas como colectivas y para diferentes estratos sociales

Al morir su padre y sus dos hermanos mayores heredo un patrimonio importante, pudiéndose permitir entrar en política en 1849 para y a través de su profesión urbanizar la sociedad como el mismo afirmo. En la vertiente económica, Cerdá estableció las normas de infraestructura, de división de la propiedad y de atribución de las parcelas de los terrenos de la Barcelona nueva.

El año anterior 1848 se había casado con la pintora Magdalena Clotilde Bosch Calmell, hija del banquero Josep Bosch Mustich, con la que tuvo cuatro hijas, la última de ellas se comentaba en la sociedad de su época que no era hija de Cerdá pero él la reconoció como suya, pero los continuos problemas matrimoniales provoca la separación de la pareja en 1862.

Su obra más importante y más reconocida internacionalmente es su plan de ensanche para la ciudad de Barcelona “El Plan Cerdá”. Sus inicios y posterior aprobación en 1859 estuvo rodeado de polémicas por la imposición desde el gobierno de España de que fuese el ingeniero Cerdá quien ejecutase el proyecto urbanístico y no otros arquitectos de renombre en ese momento , además de la oposición del consistorio municipal, también chocaba con la visión de la burguesía catalana que veía como referente para la distribución de la nueva ciudad a París o Washington , con una arquitectura de carácter más peculiar.

La cuadrícula original de Cerdá diseñaba calles de 20, 30 y 60 metros de anchura. Las manzanas tenían construcciones en sólo dos de sus cuatro lados, que ofrecía una densidad de 800.000 personas. Con su primer diseño, el ensanche hubiese estado ocupado totalmente en 1900, aunque posteriormente por acciones especulativas se densifico ostensiblemente.

Cerdá defendía el racionalismo y el equilibrio entre los valores urbanos y las ventajas rurales .E l plan clasifico por primera vez el territorio, “vías” espacio para la movilidad, las redes de servicio como el saneamiento, gas, agua, arbolado, alumbrado, mobiliario urbano etc… y las “intervias” ( bloques , islas y manzanas) que son los espacios para la vida privada donde los edificios se reúnen en hileras en torno a un patio interior a través del cual todas las viviendas disponen de una adecuada ventilación y reciben luz natural del sol , como recomendaban los movimientos higienizas , homogenizando las condiciones de habitabilidad de las viviendas para todos los estratos sociales.

La nueva estructura del plano para la ciudad incorporo la “manzana de casas”, de una forma completamente singular en comparación con otras ciudades europeas, diseñadas en estructura cuadrada de 113,33 metros con la solución final del proyecto de los chaflanes a 45º. Cerdá diseña el «Ensanche ilimitado», una cuadrícula regular a lo largo de todo el trazado urbano, englobando internamente espacios verdes y servicios.

No solo tenía una visión igualitaria y científica en su vertiente higienista, sino que preveía el crecimiento ilimitado por su carácter matemático y geométrico, definiendo una anchura de calles inusitada, para evitar la densidad humana en la que en aquella época se vivía en la ciudad, anticipándose a los conflictos de la movilidad motorizada que llegaría 30 años más tarde.

Cada barrio tenía una zona habilitada para edificios públicos. Incorporo el trazado de las líneas ferroviarias sumando la accesibilidad a la ciudad, teniendo en cuenta que en el futuro debían ir subterráneas.

Ildefonso Cerdá desarrolló un auténtico estudio sociológico como apéndice en su “Teoría general de la Urbanización “que trataba de solucionar los problemas de la concentración demográfica de las ciudades y del desarrollo industrial. En este tratado planteó teorías que ya había aplicado en el Proyecto de Reforma Interior y Ensanche de Barcelona incluyendo una valoración de las desigualdades sociales en la salud de las clases populares, comparando las diferencias de esperanza de vida según su estatus social.

En “Cuatro palabras sobre el Ensanche” de 1861 desarrolla el primer sistema de compensación y la técnica de reparcelación como medio para una justa distribución de beneficios y gastos del plan urbanístico, para consensuar los intereses de los propietarios y la necesidad de terrenos de una forma proporcionada, pudiéndose edificar en proporción a la parcela aportada. Este sistema se incluiría en el Proyecto de la Ley Posada Herrera que sería una legislación pionera en Europa, tanto para Madrid como para Barcelona y que un siglo después también se incorporaría en la Ley del Suelo de 1956.

Cerdá vivió y sufrió una agotadora campaña de desprestigio personal con leyendas y mentiras, difundiéndose incluso que “no era catalán”. Las instituciones también lo despreciaron pues la creación de tal proyecto adjudicaba su nombre a una calle principal, ofrecimiento que nunca se planteó, de igual manera el alcalde Francesc Rius le negó un monumento ya diseñado en 1889 por Pere Falqués.

Murió en 1876 enfermo y casi en bancarrota pues el gobierno no le pagaba los honorarios de sus trabajos, en Cantabria en el balneario de Caldas de Besaya.

En la necrológica del diario “La Imprenta “se publico

«El señor Cerdá era liberal y tenía talento, dos circunstancias que en España perjudican y suelen crear muchos enemigos...»

En 1960 se da su nombre a una plaza” plaza Cerdá “, una plaza ubicada fuera del ensanche, y recordada por los constantes problemas de inundaciones por su mal alcantarillado que además era una de las máximas preocupaciones de Ildefonso Cerdá. En 1971, sus restos mortales se trasladaros al cementerio nuevo de Montjuic, coincidiendo con la reimpresión de su Teoría general de la urbanización.