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El sexo en pareja todo un reto

Según los filósofos sobre todo religiosos, el sexo es la forma carnal de entender el amor, pero en la actualidad el sexo es entendido “además” como una necesidad biológica que nuestro cerebro necesita para equilibrar las carencias y excesos psicosomáticos que todo ser humano acumula en el devenir normal de la vida.

-Sentirnos deseados y al mismo tiempo desear a alguien sin que haya unas normas o características muy claras para esa atracción física, nos empuja a tener unas relaciones sexuales, pues el coito es donde nos fundimos con la pareja.

Esa unión tan fuerte está biológicamente incrustada en nuestros cerebros porque suprimen emociones negativas gracias a una hormona llamada oxitocina que se presenta en cantidades más altas cuando nos excitamos y que alcanza niveles máximos cuando hombres y mujeres tienen el orgasmo.

Los seis primeros meses:

La atracción reduce la distancia que existe entre nosotros y alguien extraño que nos seduce por la aventura de lo desconocido, proporcionándonos el ímpetu de convertir esa distancia en una relación más estrecha y posiblemente en algo más.

Si esta atracción funciona, la búsqueda de poseer a la otra persona emocionalmente, puede llevarnos a enredarnos con los problemas de la lujuria, cegándonos tanto en los puntos débiles como en los fuertes de una relación incipiente, uniendo a dos personas completamente incompatibles o por otra parte en el extremo. Las dudas que surgen entre dos amantes con una relación perfectamente viable pero en los que la lujuria ha dejado de proporcionar la atracción y esta afinidad se convierte más en un sentimiento de amistad que de deseo.

Esto es muy común sobre todo en personas que han tenido una infancia muy difícil; pese a que permitan que una persona se les acerque físicamente, les resulta complicado traducir esa cercanía en una intimidad emocional.

Piensa en las relaciones anteriores y comprender las pautas:

-¿Qué buscas en tus relaciones?

- ¿Cómo te sientes?

-¿La lujuria te ha vinculado a hombres o mujeres inapropiados?

La atracción por una persona no equivale a ser compatible en la convivencia, pero al mismo tiempo para convivir no es imprescindible compartir todo, pero si respetar y respetarse siempre.

De los seis meses a los tres años

La vinculación afectiva que empieza a surgir es el principio de una relación duradera.

Tu amado/a en lugar de ser una encarnación de tus fantasías comienza a revelarse como una persona normal.

El sexo también puede tornarse más complejo, ya que la sexualidad individual se funde en una sexualidad de pareja en la que ambos desean disfrutar juntos.

- ¿Cómo le gusta las caricias?

-¿Qué lo/a excita?

-¿Es más receptivo/a sexualmente por la noche o por la mañana?

Algunas parejas descubren que una vez que la lujuria se ha difuminado, es más complicado encontrar juntos el camino desde su vida diaria hasta el sensual mundo de las relaciones sexuales y cuanto más cerca están de su pareja, menos la desean. Es como si hubieran metido el amor y el deseo en dos cajas separadas.

-Conversar no es lo mismo que hablar y hablar no es lo mismo que discutir o exigir.

-Disfrutar es vivir el presente sin agobiarse al menos por las próximas 4 horas.

-Todo cambia y todo puede modificarse siempre que sea de mutuo acuerdo y repartiendo responsabilidades, gustos y ocio equitativamente.

A partir de los tres años de convivencia:

Mientras que la atracción y la lujuria están basada en lo desconocido y la novedad, el sexo asentado está relacionado con la estabilidad, seguridad y la comodidad.

En esta etapa, el sexo tiene que ver con hacernos sentir seres humanos completos.

El sexo estable es tranquilizador, al podernos relajar sobre la imagen que podamos dar ante la pareja.

Pero al mismo tiempo las relaciones sexuales estables pueden pasar fácilmente de ser cómodas a ser predecibles, de forma que la emoción y la pasión desaparecen.

También existe el peligro de pensar que lo sabes todo de tu pareja o aún peor, podemos suponer que el carácter y los gustos de nuestra pareja son invariables y por lo tanto el cambio es imposible.

- Entrégate a la creatividad ese día especial: la provocación no depende únicamente de la ropa interior que utilices, (aunque ayuda mucho) los detalles, la fantasía y las ganas: son la clave.

- El “sexo” especialmente no tiene porque ser siempre “maduro”. Suelta al niño o niña que llevas dentro y no te "autocensures".

Maternidad/Paternidad:

El instinto biológico de querer procrear puede provocar apasionadas relaciones sexuales. Intentar crear una familia puede fortalecer la vida sexual.

Quedarse embarazada o ser padre puede también proporcionar tanto al hombre como a la mujer confianza, autoestima y consciencia de su propio ser. Con las emociones a flor de piel, las parejas pueden acercarse más y establecer vínculos más profundos o incluso en el caso de que las relaciones sexuales sean menos frecuentes que antes.

Pero la paternidad asumida en sentido negativo o problemático hace que algunas parejas asuman el hecho del alumbramiento y el amamantar como un bajón en su lívido, ya que su vagina y pechos que eran fuentes de atracción y diversión se convierten en algo funcional.

También en el caso de la mujer la maternidad crea dudas e inseguridades por la posibilidad de perder un buen físico y todas las complicaciones que genera un bebé en sus primeros meses y años.

- Paciencia, paciencia y mucha paciencia en los primeros años.

- Pasada la primera etapa de bebé a una "personita" que habla y se mueve normalmente “convierte tu habitación en un refugio para el amor “y pon una cerradura en la puerta, para permitir la intimidad. Explica a tus hijos que además de ser sus papas os amáis mucho, y en el caso de emergencia siempre pueden llamar.

A partir de los 12 años:

Una mayor consciencia de quiénes somos aumenta la seguridad en nosotros mismos y esta época suele ser en la madurez para un gran número de personas.

En esta época se ponen en tela de juicio los conceptos que hemos mantenido tanto en nuestro pasado como nuestro presente, se suele buscar una nueva reinvención de nuestras bases, deseamos ser más autónomos y vivir con la experiencia que hemos acumulado.

Se suelen percibir las personas, situaciones y cosas con una óptica más realista sobre lo que nos conviene y lo que los demás esperan de nosotros nos empieza a sonar a cantinela larga y pesada en la que las notas son cada vez más discordantes.

Estos cambios pueden afectar a la relación de pareja si la comunicación no es fluida o el sentimiento de uno de ellos o de los dos es de ser “obstáculos” más que “compañeros”, por lo que suele ser una época de aventuras o ruptura de relaciones si no hay una verdadera unión mental y física. Por otra parte, físicamente por muy placenteras que sean las relaciones sexuales, la rutina inevitablemente llegara y si no hemos sabido entender las carencias de nuestra pareja o la pareja no es capaz de entender las nuestras, se producirá un desgaste en la atracción física, aunque pueda haber un gran cariño en la pareja.

Otros problemas son nuestros miedos en cuanto a la edad y la pérdida de la potencia sexual que pueden llegar a bloquear la comunicación necesaria para que los deseos de cambio puedan dar un nuevo y mejor rumbo a la relación.

Es normal en esta transición las separaciones o las convivencias sin relación, para al cabo de un tiempo volver a reiniciar la relación con las ideas más claras sobre lo que desean y lo que necesitan, sobre lo que son, lo que dan y lo que esperan.

- Si la pareja está pidiendo un cambio, en lugar de ponernos a la ·defensiva” defendiendo a ultranza la tradicional vida sexual conjunta, utilizad vuestra sinceridad para examinar vuestros propios sentimientos en cuanto al sexo, qué significa para cada uno.

-Proyectar una nueva vida sexual, probando y experimentando nuevas sensaciones para sentir de nuevo la complicidad de los amantes.

- Salir de la zona de confort que da la rutina no es fácil porque no nos planteamos dudas pero al mismo tiempo esa comodidad puede asfixiar el deseo de ser completado y poseer al ser amado, al fin y al cabo el sexo es un placer y no una forma de reafirmar el ego, por lo que desinhibirse y proponer nuevas sensaciones, a cambio quizás tengas que tolerar algún rechazo minúsculo.

Luchando por seguir siendo tan querido/a como deseado/a:

Cuando tu vida sexual es rutinaria o poco frecuente, resulta sencillo echar la culpa a factores externos.

Si deseáis mejorar vuestra vida sexual, debéis situar el sexo en el contexto de vuestra relación.

Si hay problemas sin resolver o si un miembro de la pareja siente que el otro da por garantizado esta relación “correcta” aunque poco satisfactoria, la infelicidad en la intimidad se filtrará lentamente y por muy buena que sea vuestra técnica o vuestra compatibilidad, la pasión desaparecerá de las relaciones sexuales.

De acuerdo con muchas experiencias, las parejas que están insatisfechas con sus vidas amorosas encajan en una de estas pautas.

-Más amigos que amantes & muriendo de éxito:

La tendencia actual es que nuestra pareja sea también nuestro mejor amigo, somos comprensivos y nos aceptamos tal y como somos.

Eso está muy bien en teoría pero el hecho de que seamos amigos íntimos hace más difícil que una pareja discuta. Así que puede que no haya discusiones, pero tampoco atracción sexual, y eso se debe a que la rivalidad, la pasión y el deseo son parte de la emoción de poseer íntimamente al ser amado, también cuando se sienten tan responsables de su felicidad sexual mutua que lleguen a abrumarlos.

En toda relación es necesario que existan tanto el “nosotros” como el “yo”. Demasiado "nosotros" puede llevar a que la pareja pierda de vista su identidad individual, mientras que demasiado “yo” significa que no hay relación. Podemos amar y querer a nuestra pareja pero no podemos dirigir su vida y desde luego, no somos su psicólogo.

El deseo requiere de espacio personal para que exista un poco de misterio y rivalidad, practicar hobbies y cultivar intereses por separado puede reavivar el interés al demostrar que cada uno puede ser interesante para otros.

- Los caminos separados ¿se complementan?

Mientras que hay parejas tan unidas que se transforman en hermano y hermana, otras están demasiado distanciadas y se convierten en extraños.

Esos compañeros son conscientes de los movimientos del otro, se saludan cuando llegan a casa pero rara vez se acercan de verdad el uno al otro. Si no hay comunicación fuera de la habitación, es bastante improbable que conecten dentro de ella. Muchas parejas culpan a los problemas “de comunicación” de su falta de deseo, es bastante frecuente que se estén comunicando de manera efectiva (al fin y al cabo no hay nada más claro que no sentir deseo y practicar sexo de manera funcional pero ausente) y aunque siguen queriendo acercarse, son incapaces de resolver sus diferencias.

Verdaderamente en esta situación hay que prestar atención a los patrones de la relación, en lugar de centrarnos en la última bronca, es importante dar un giro a esta convivencia más o menos ordenada y crear un plan centrado en eliminar todo lo que nos distrae de vivir juntos con intimidad, preguntas como ¿qué deseamos de la relación y qué es lo nos molesta o nos falta? pueden desmontar malos entendidos y costumbres que se generan cuando la pareja suele enfrentarse a una rutina férrea.

-Niveles de deseo dispares:

Es muy sencillo que un miembro de la pareja cargue con toda la culpa de un problema sexual o que la pareja se culpen mutuamente.

La comunicación no depende de uno u otro de los miembros de la pareja, sino que es responsabilidad conjunta. El deseo de sexo no tiene por qué coincidir en su frecuencia por el hecho de ser una pareja ideal o con problemas, lo importante es que no se produzca a piñón fijo como lo del “sábado sabadete “ y tampoco como premio a la consecución de cualquier situación.

El sexo en pareja se ha de compartir sin forzar situaciones y entendiéndolo como una forma de añadir placer a las vicisitudes que la vida depara en una convivencia.

-Esperar demasiado de nuestra pareja:

En las relaciones de éxito y felices, cada uno de los miembros de la pareja cuida al otro. Tradicionalmente esto consistía en ganar suficiente dinero para satisfacer necesidades materiales, cocinar, limpiar, vacaciones etc….

Con la nueva mentalidad, si sufres de baja autoestima, estás enfadado o te sientes infeliz, suele parecer que tenga que ser porque tu pareja no te ha mostrado el suficiente apoyo, porque se ha comportado mal o no entiende tus necesidades.

Pero hay que plantearse si las expectativas hacia el comportamiento de la pareja son demasiado altas, sobre todo cuando nos enfrentamos a problemas de salud de larga duración, sucesos estresantes, duelos…en ocasiones exigimos comportamientos que requerirían que nuestra pareja fuera trabajador social o terapeuta experimentado.