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El exceso de alcohol es costumbre o abismo

El tabaco mata a más personas, pero el alcohol es la primera causa de infelicidad en nuestra sociedad. Pero sería muy difícil convencer a un “bebedor normal” de que el alcohol no le hace feliz. Desde el mismo momento en el que nacemos, nuestros jóvenes cerebros son bombardeados con la idea de que las bebidas alcohólicas nos calma la sed, sabe bien, nos hace felices, nos calma los nervios, nos da seguridad en nosotros mismos, disipa nuestras inhibiciones, alivia el aburrimiento y el estrés, mitiga el dolor, nos ayuda a relajarnos y libera la imaginación por lo que es un elemento que asociamos al éxito o la fiesta en la interacción social.

¿Beber con moderación hace felices a la gente?

En muchas ocasiones es cierto, beber alcohol puede ser algo normal, pero no hay nada natural en ello.

El 90% de los adultos beben alcohol, pero para algunos puede convertirse en una trampa, los atrapa haciéndoles creer que controlan la bebida, con un sentimiento primario de autoafirmación donde se plantea el ¿por qué iba a querer dejar de beber si disfruto con ello y no me causa ningún problema?

Todos hemos visto como en un grupo de bebedores que se divierten, en unos instantes, alguno de ellos se ponen violentos injustificadamente, culpando del incidente a unos individuo en particular por ser violentos por naturaleza.

Pero lo que ha ocurrido en realidad es que el efecto del alcohol ha hecho desaparecer sus inhibiciones, le ha dado una falsa apariencia de valor, por la que libera su violencia. Si el alcohol hiciera felices a las personas, no existirían los bebedores violentos ni infelices. “En la sociedad es normal, pero en nuestro organismo no es natural”

El alcohol en nuestro organismo se comporta como el veneno de la euforia y es tan poderoso que puede llegar a debilitar el sistema inmunológico, impide la concentración. El alcohol deshidrata, Y en principio sacia la sed gracias a su contenido en agua, pero su contenido de alcohol no sólo “no” sacia la sed, sino que la potencia. Y la prueba de ello es que al día siguiente del fiestón, no paras de despertarte en mitad de la noche con la garganta seca después de haber bebido mucho.

El alcohol como adicción destruye las capacidades naturales del sistema nervioso, que generan seguridad, valor, y la capacidad para auto relajarse ante las emociones positivas o la esperanza de conseguirlas. Las situaciones más extremas de caída hasta el fondo de una adicción, no ocurren de un día para otro, es tan gradual que es difícil ser conscientes de la situación.

Las más difíciles de reconocer son las adicciones moderadas, pues todo se argumenta sutilmente para que existan los motivos-trampa, generalmente hacen falta que pasen años para que una persona se dé cuenta de que tiene un verdadero problema, pues el alcohol se convierte en la salsa para relacionarte con los demás e incluso para no plantearse los acontecimientos o cambios que por fuerza nos tienen que afectar.

“La rutina nos hace débiles “

Una forma de comprobar hasta qué punto existe una dependencia es dejar de beber o al menos bajar al máximo su consumo, si esta decisión te hace infeliz o si no se consigue, es cuando el alcohol es un problema para ti o empieza a serlo , esta falta de autocontrol es una batalla que puede llevar en los casos más graves a ser evidente para todos menos para la misma persona afectada. Lo que engancha al bebedor es su efecto, la ebriedad: este es un efecto en el que se va debilitando gradualmente los sentidos hasta que se vuelven insensibles, literalmente “mamado”. Pero el verdadero relax no es la evasión artificial de no enterarse de nada, sino la distancia o el amortiguamiento que les da del estrés, las tensiones o el dolor. Si creer que estar ebrio es relajante entonces pensar que perder el conocimiento a causa de un golpe es lo mismo.

La palabra: “alcohólico” está llena de estigmas y realmente para ayudar a asumir la situación no se deben utilizar reproches de culpabilidad y de vergüenza que genera una baja autoestima, si no empezar por un estado mental positivo para trabajar en la recuperación. Un buen lema es “tú no has estado abusando del alcohol, el alcohol ha estado abusando de ti”.

Dejar de beber alcohol es una decisión consciente

- Valora los pros, los contras y las repercusiones, si has tomado la decisión de dejar de beber, no vaciles ni un momento. Sobre todo no cuestiones tu postura más.

-No pienses “No debo volver a beber una copa nunca más”, pues eso te crearía la sensación de privación. Intenta empezar el día con una sensación de” la realidad será la que toque, pero es maravilloso ser yo el que dirija mis emociones”.

- Es imposible no pensar deliberadamente en algo o en cualquier caso, no hace falta no pensar en que ya no bebes alcohol. Es mejor pensar en la cantidad de cosas negativas que no deseas volver a vivir.

-Debes ser consciente de que durante los primeros días habrá un pequeño monstruito dentro de ti pidiendo constantemente que lo alimentes y te pedirá : ”Quiero una copa”… y sea como sea, piensa que simplemente es una trampa de tu mente, pero debes ser consciente de que ese pequeño monstruo ira diluyéndose al mismo ritmo que tu vuelvas a dirigir tu vida.

-No te preocupes si de vez en cuando olvidas que has dejado de beber. Si eso ocurre, dale la vuelta, inmediatamente y recuérdate a ti mismo la necesidad de darte tiempo para adaptarte a tu nuevo cambio que es definitivo. Y aunque en los primeros días te sientas raro o desorientado, no te preocupes, pronto te adaptarás.

-No esperes convertirte en un “no bebedor” de la noche a la mañana. Lo más importante es la fuerza de tu voluntad enfrentando cada día de tu vida la decisión de no beber. - Sé consciente de que eres tú quien controla el ansia y no a la inversa. Cuando se deja de beber, se tiene la manía de culpar de todo al hecho de que ya no se bebe. Acepta que, como todos los bebedores y no bebedores, tú también tienes días buenos y días malos. También los tienen las personas que han dejado de beber y si el alcohol produce realmente felicidad en la gente, los bebedores jamás se sentirían desgraciados.

- Tienes que pasar un tiempo de duelo para dejar atrás el sentimiento de pérdida de un amigo tan íntimo. Y empezar de nuevo a ser libre.

-Es preferible no alterar tu vida de ninguna manera por haber tomado la decisión de dejar de beber. Algunos expertos aconsejan evitar bares, restaurantes y compañía de amigos bebedores y otras situaciones tentadoras. La mejor estrategia es ir a un bar o a una discoteca inmediatamente para demostrarte que te lo puedes pasar igual de bien sin una gota de alcohol incluso por una cuestión de gusto.

-Deshazte de personas que su única diversión sea beber, que no tiene nada que ver con amigos agradables que beban pues su finalidad es completamente diferente, estos últimos te reafirmaran y los primeros te aburrirán o te frustraran.

-No utilices sustitutos, tanto si es una actividad, una bebida no alcohólica, un objeto, una comida o cualquier otra cosa. Beber alcohol no llenó el vacío que había en tu vida, lo ideal es que ahora no lo haga ninguna otra cosa en exceso. La clave de todo es conocerte y demostrarte interiormente que puedes disfrutar de la vida con plenitud y conscientemente

- Disfruta rompiendo falsas asociaciones. Boda, fiestas, vacaciones, Navidades…con alcohol. Rompe asociaciones y libérate de la esclavitud de las costumbres insertas en la mente.

-Nunca envidies a los bebedores, recuerda que bailan al borde de un acantilado, un timo muy ingenioso que nos estafa el placer de ser conscientes de vivir y la seguridad que la inteligencia nos regala.