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El amor tóxico

No todas las formas de amar son aceptables, simplemente porque haya amor de por medio. Se nos ha dicho que aceptar la manera de ser de la pareja es un requisito imprescindible y necesario para que la relación prospere,y sin embargo, esta premisa es válida siempre y cuando “esa forma de ser” no atente la seguridad física y/o psicológica de los que le rodean .

Esto que parece obvio, no lo es tanto para enamorados/as del amor que con espíritu masoquista por el gran miedo que les genera quedarse solos/as, apelan al autoengaño con disculpas de todo tipo para mermar o diluir la verdadera gravedad de la situación, por ejemplo en situaciones agresivas, de desconfianza o poco afectivas, hacia ellas/os, hijos, familiares, etc... .

Aceptemos que algunas disculpas puedan tener fundamento, no obstante, si la felicidad de la persona que se ama es inversamente proporcional a la nuestra, algo anda mal.

Los rasgos de personalidad definen el perfil afectivo que genera un modus operandi, una dinámica de intercambio emocional.

Los estilos afectivos son formas de procesar el sentimiento y el afecto. Este procesamiento surge de cómo me veo a mí mismo/a, como percibo a los demás y al mundo. En esta conjunción de datos, la mente crea un estilo que tenderá a ser un patrón en todas las relaciones.

La persona paranoide se verá a sí mismo como vulnerable a los demás. Percibirá el mundo como demasiado peligroso y a la gente potencialmente mala.

Esta visión de la realidad propia y ajena le llevará a estar a la defensiva y listo/a para el contra ataque. Será así en todos los órdenes de la vida, incluso en lo afectivo.

Pensará que su pareja quiere aprovecharse de él/ella, que le puede ser infiel, que es mejor no entregarse afectivamente porque ello implicará bajar la guardia y quedar a la merced de las malas intenciones del otro.

Sentirá un impulso irrefrenable por vigilar, revisar y monitorizar cada comportamiento de la persona que dice amar y mantendrá oculta información que considere relevante para mantener su posición de control.

Los amores tóxicos no son casos aislados en un hospital mental, ellos y ellas andan entre nosotros con su patología a cuestas, tirando redes y captando adeptos amorosos.

¿Quién se engancha a estas propuestas? Aquellos/as cuyos déficit son aparentemente subsanados por el que sustenta el amor tóxico.

Por ejemplo las personas desconfiadas suelen ver en el paranoide la forma de establecer una curiosa forma de alianza estratégica para protegerse del mundo hostil. De manera similar, alguien tímido y muy introvertido percibirá el aislamiento social del sujeto vigilante como una feliz coincidencia.

El problema ocurre al poco tiempo, cuando una vez enganchados, la pesadilla del control persecutorio hace su aparición.

Es mejor prevenir que curar y tomar consciencia antes del flechazo. Es claro que con el amor no basta, hay que sopesar ventajas y desventajas y sobretodo saber si algunas de las propuestas afectivas pueden realmente hacernos daño.

No hace falta volverse obsesivos...simplemente poner la alerta, al menos hasta que el candidato/a muestre sus cartas y entonces si todo transcurre adecuadamente, poner el pie en el acelerador, pero si la cuestión no pinta bien, frenar en seco y bajarse, sin culpas ni miramientos.

Las redes sociales son un conflicto para este tipo de personas, pues la base de su poder reside en aislar a la posible pareja, por supuesto combatirá la red con los típicos chascarrillos amenazantes que por desgracia ocurren, aunque no más que en cualquier otra actividad para la que no se requiera internet.

La comunicación es la única terapia que les puede hacer ver que su conducta produce el rechazo de cualquier persona con un mínimo de inteligencia y espíritu positivo, además de quedar como primitivos/as en un mundo donde cada día se valora más la libertad de acción del individuo como la verdadera forma de llegar al equilibrio y la estabilidad emocional y social.