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Barcelona una ciudad global sin murallas

Las ciudades se parecen todas, hoy día más que nunca, los intereses globalizadores de la economía junto a la tendencia del ser humano a imitar todo aquello que suene a moderno, hacen que la creatividad innata de todos los pueblos se valla estandarizando y las diferencias se vivan como exotismos y no como distintas formas de concebir la realidad .

Pero tampoco podría ser de otra manera, desde luego la modernidad agrisa o emborrona las peculiaridades que distinguían unos países de otros, pero al mismo tiempo soluciona situaciones humanas que solo se dan cuando las personas están aisladas o gobernadas por familias, grupos de poder, religiones, burócratas etc... endogámicos que absorben cualquier modificación a su interés pretendiendo deformar la evolución de las sociedades a sus prioridades.

La vida de las personas pueden trascurrir en una aldea, un pueblo, una ciudad, una gran cuidad etc... al fin lo que percibimos como cercano y básico para nosotros es nuestra familia, los vecinos, compañeros o amigos, en cambio percibimos como una lucha , las metas, el trabajo, las costumbres o normas que nos llevan por distintos caminos a un fin compartido por todos, ¡la felicidad !

Si algo distingue la convivencia en los nuevos tiempos es el sentido de sumar fuerzas para cambiar situaciones que nos dificultan esta meta, y la no aceptación de la violencia verbal o física como forma de imponer ideas.

La globalidad hace que algunos sean menos carismáticos, en cambio al resto global nos da esperanzas de salir de la sordidez de los mecenas o los profetas vendedores de paraísos y por fin, pedir cuentas claras todos a una, sin retrasos o silencios vergonzosos.

La globalidad tan temida puede ser un arma de doble filo, en principio parecen diluirse las peculiaridades de la identidad como procedencia, que no es más que el resultado de casualidades de la naturaleza y en la que nuestra voluntad no influyó.

La identidad como ciudadanos del mundo es global, sumando consciencias para el desarrollo de los derechos y el respeto de las singularidades de todos, pues la unión hace la fuerza ante las manipulaciones del poder y los intereses de los listos que se cuelan por los huecos de la burocracia que es la herramienta perfecta para que los mismos de siempre sigan manipulando el sentido común que todos tenemos y los juegos de trileros sigan siendo la estrategia del poder.

Barcelona se identifica en todo el mundo por su empuje continuo y sus ansias eternas de ser diferente y singular, no solo en España sino en Cataluña mismo, también tuvo un pasado que no dice una palabra fonéticamente, son sus calles, plazas, palacios, iglesias etc… son todo un mapa que describe las diferentes realidades que vivían sus moradores y el gran legado universal que nos dejaron algunos de ellos.

La leyenda del Palau Güell:

En el número 3 y 5 de la calle Nou de la Rambla, una de las joyas del modernismo barcelonés, el Palau Güell, construido en 1880 por Antonio Gaudí a petición de su amigo y protector Eusebio Güell, que no quiso seguir la moda de la gran burguesía barcelonesa que se estaba instalando en el Eixample (era sabido que la notoria fortuna de su padre se debía al tráfico de esclavos en cuba). El edificio de Nou de la Rambla tuvo una agitada vida pues en julio de 1936 fue requisado por los anarquistas de la CNT-FAI que lo utilizaron como comisaría y como centro de detención hasta 1939.

En realidad eran dos edificios colindantes que Gaudí utilizó para su flamante palacio, el número tres propiedad de Maria Toll i Serra y el número 5 de la familia Boada Más. En el número 3 se levantaba un edificio conocido popularmente como de avemaría o “de la Por” (del miedo) a causa de los gritos y lamentos que se oían claramente todas las noches. Los transeúntes que se atrevían a pasar por delante se santiguaban y rezaban un avemaría y de ahí el nombre.

Acabada la Guerra Civil (1936-1939), el edificio volvió a ser propiedad de los Güell, pero aun los vecinos lo miran con prevención porque esporádicamente todavía se oyen lamentos...

El park Güell, una casa para Hansel y Gretel:

El park Güell fue el primer gran encargo que tuvo Gaudí. Güell y Gaudí trabajaron juntos en la concepción del parque, que se levantó entre los años 1900 y 1914. Las dos construcciones que hay a ambos lados de la puerta principal están inspiradas en el cuento de Hansel y Gretel. El arquitecto había empezado a idear el proyecto, en el Liceu donde se representaba la historia de los dos hermanos en forma de ópera. La casa de la izquierda se identifica como el hogar de los dos niños mientras que el de la derecha, con una seta venenosa en lo alto, es la casa de la bruja.

Gaudí impregnó todo el diseño del parque con el simbolismo de tres elementos básicos: la naturaleza, la religión y la identidad catalana.

Eusebi Güell vivió en el palacio hasta 1906, año en el que se trasladó a casa Larrard en el Park Güell, en la que murió en 1918. Su familia continuaría habitando allí hasta el estallido de la guerra civil , momento en el que el inmueble fue incautado por la comisaría. Sorprendentemente, en 1944 un millonario norteamericano quiso comprar el palacio para trasladarlo pieza a pieza a Estados Unidos. Para salvarlo de semejante mutilación y evitar su expolio cultural, la Diputación de Barcelona se anticipó en su adquisición.

Como dato, este edificio fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1984 y se puede visitar de forma parcial desde 2008, año en el que la Diputación de Barcelona lo reabrió al público.

La Pedrera o casa Milà:

La Casa Milà se encuentra en un chaflán del Paseo de Gracia con la calle Provenza, ocupado anteriormente por un chalet que hacía frontera entre los municipios de Barcelona y Gracia antes de la anexión de esta villa a la ciudad condal en 1897. El chalet pertenecía a Jose Ferrer -Vidal y Soler hermano de Luis Ferrer- Vidal y Soler fundador de la Caixa de Pensions de Barcelona, y se formalizó la compra ante notario el 9 de junio de 1905. La zona se ubicaba en pleno Ensanche de Barcelona, el Paseo de Gracia se convirtió en una de las principales arterias de la ciudad, por lo que fue elegido por la burguesía catalana para fijar su residencia.

Gaudí recibió el encargo de construir una casa señorial de parte de Pere Milà i Camps , un rico empresario cuyo padre, Pere Milà i Pi, había forjado su fortuna en la industria textil. Milà amplió el negocio familiar y diversificó los sectores donde probó fortuna, siendo por ejemplo el promotor de la plaza de toros La Monumental. También se dedicó a la política, y fue diputado por parte de Solidaritat Catalana. El señor Milà estaba casado con Roser Seguimos i Artells, viuda de Josep Guardiola i Grau, un indiano enriquecido en América con plantaciones de café, cuya fortuna heredó su mujer. Así pues, la pareja disponía de una posición privilegiada que quisieron reflejar en una casa de diseño innovador y lujoso. Para ello compraron el solar del Paseo de Gracia y encargaron el proyecto a Gaudí.

El matrimonio Milà (Pere Milà i Camps i Roser Segimon i Artells):

El proyecto de Milà era construir un gran edificio destinando el piso principal para su propia residencia y el resto en de alquiler, algo habitual en la época. El edificio superó en altura y anchura lo que establecían las ordenanzas municipales, por lo que se impuso al señor Milà varias multas, sufriendo retrasos. Por divergencias con los Milà sobre la decoración interior, Gaudí abandonó la dirección de la obra en 1990 , y el arquitecto tuvo que llevar a juicio al promotor para cobrar sus honorarios (105 000pesetas), que donó a los jesuitas Para hacer frente a este pago, el señor Milà tuvo que hipotecar la casa.

La Pedrera, es el último edificio civil construido por Gaudí, es un reflejo de la plenitud artística de Gaudí: en su etapa naturalista inspirándose en formas orgánicas naturales, para lo que puso en práctica toda una serie de nuevas soluciones estructurales con gran libertad creativa y ornamental adquiriendo su obra una gran riqueza estructural, de formas y volúmenes

La pedrera o casa Milà según las malas lenguas, debería haberse llamado casa Guardiola a pesar de haber sido una iniciativa de Pere Milà i Camps. Esto se debe a que muchos argumentos apuntaban a que fue la fortuna del primer marido de la mujer de Milà, Josep Guardiola i Grau, la que financió la construcción. La Pedrera también fue reconocida por la UNESCO como patrimonio de la humanidad en 1984.

La magia de Gaudí: La Sagrada Familia:

El librero y filántropo Josep María Bocabella (1815-1892), fundador de los devotos de San José, quiso crear un templo dedicado a la Sagrada Familia. Con tal fin compró un terreno entre lo que hoy son las calles Provenza, Mallorca, Marina y Sardenya. En aquel entonces era una zona sin poblar y la iglesia tendría un gran espacio para ser observada desde la distancia. El Templo siempre ha tenido la condición de expiatorio, es decir, se ha construido (y lo sigue haciendo) sólo con dinero de donaciones.

En un primer momento, el proyecto se encargó al arquitecto diocesano Francisco Paula de Villar, que tras varios contratiempos con Bocabella ofreció la continuación del proyecto a Joan Martorell, arquitecto asesor de Bocabella. Ante estos sucesos, el mismo Martorell le sugirió que le pasara el encargo a Gaudí, que por entonces era su ayudante. A finales de año 1883, Gaudí estaba a punto de comenzar su obra magna.

Gaudí en la Sagrada Familia elimina la línea recta, propia del gótico que le parece fría y poco natural, adopta la curva en todas sus expresiones. Por ejemplo las pilas de agua bendita de la cripta están hechas con enormes conchas marinas procedentes de Filipinas.

Los pórticos de la fachada del Nacimiento están separados por dos enormes columnas que reposan, cada una de ellas, sobre una tortuga. La que se encuentra dirección al Tibidabo es de tierra y la que da al mar es un ejemplar marino.

La Sagrada Familia es el exponente más significativo de la concepción gaudiana de la arquitectura, Gaudí sólo vio terminada una torre, que sirvió de modelo para la construcción de las otras, había concebido la fachada del nacimiento como modelo para guiar la continuación del proyecto.

El arquitecto fue enterrado en la cripta del templo igual que Josep Bocabella, pero la tumba de este último fue profanada. Muchos de los documentos, planos y dibujos originales de Gaudí fueron quemados en un incendio durante la Guerra Civil.

Casa Batlló:

Josep Batlló i Casanovas poseía un edificio en el número 43 de Passeig de Gràcia construido por Emili Sala Cortés en 1877. En 1901, sin embargo, el propietario presentó una solicitud para derribar el inmueble existente con el fin de levantar uno nuevo. Al recibir un no por respuesta, tres años después volvería a la carga con una petición de reforma del edificio.

Gaudí presentó un proyecto, y finalmente le fue cedido a pesar de la ambigüedad de su propuesta. Cuando le preguntaron: ¿”Qué quiere hacer con la Casa Batlló?”. El arquitecto contestó que quería crear “una visión de paraíso”.

Esto se debe a que el proyecto consistía en reformar la fachada y reorganizar todos los espacios de la casa creando ambientes más ventilados e iluminados. Popularmente, el edificio se conoce con el nombre de “La Casa de los Huesos”, y esta denominación se debe a que, en la primera planta, las columnas de la tribuna que la adorna tienen aspecto óseo y las rejas de los balcones de los otros pisos pueden recordar a calaveras.

La familia Batlló vendió el edificio en 1954 a la Sociedad Iberia de Seguros y el 1994, la casa pasó a la familia Bernat. En 2005 fue reconocida por la UNESCO como patrimonio de la Humanidad.

La casa Masriera, Casa o templo:

El templo de Augusto, el más importante de Barcino romana, desapareció hace siglos, pero en 1882, el arquitecto Josep Vilaseca, por alguna razón misteriosa, quiso recuperar aquel monumento único y construyó la casa Masriera que ocupa hoy el número 72 de la calle Bailén, en el Eixample. Se trata de un gran edificio, en todo semejante a lo que debió ser aquel templo dedicado al primer imperator romano, Octavio Cayo Julio Cesar Augusto. Una bella fachada principal, con cuatro columnas de estilo corintio, que sujetan un frontispicio triangular en cuyos extremos, dos grifos( animales mitológicos) parecen vigilar la entrada.

La entrada incluye diferente signos masónicos, como las estrellas de cinco puntas de las verjas y confirma el hecho de que los Masriera, joyeros de prestigio, tenían vínculos con el ocultismo y la masonería.

El Liceu:¿ un teatro de la ópera con mala suerte?:

El primer edificio que albergaría el Gran Teatre del Liceu se levantó sobre el solar de un antiguo convento de los Trinitarios que databa del 1662. Desde su creación jamás tuvo momentos de paz. Durante las guerras napoleónicas se había utilizado como almacén y más tarde sería la sede de un club político de tendencia liberal para finalmente volver a ser de carácter religioso.

No se sabe si fue debido a la quema de edificios religiosos de 1835 o a las desamortizaciones, que la construcción acabó en ruinas y dejó un agujero en las Ramblas que tardó poco en volverse a llenar sustituyendo eso sí, a los religiosos, por los artistas.

El teatro se inauguró el 4 de abril de 1847. Pero la tranquilidad tampoco sería muy duradera para el Liceu, ya que en 1861 se incendió gran parte del edificio seguramente a causa de una lámpara de aceite mal apagada. La reconstrucción fue hecha por Josep Oriol Mestres que añadió un gran salón de descanso y decoró las salas con frescos de pintores catalanes. En un tiempo récord de un año.

En el siglo XIX, el teatro no sólo se utilizaba como lugar para representar ópera, sino también donde habían actos sociales como las fiestas de carnaval. Debido a estos encuentros, una gran parte del sector más conservador y moralista de la sociedad barcelonesa veía el teatro como un centro de diversión inaceptable para la moral cristiana. Y si al carácter alegre se le suma el incidente del fuego de 1861, no sorprende que por Barcelona surgieran rumores sobre la existencia de espíritus indignados de los frailes trinitarios que habían sido enterrados en el convento y querían castigar la frivolidad del Liceu.

La plaza Catalunya, una explanada en desorden:

Antes de que se derribaran definitivamente las murallas, el espacio que actualmente ocupa la plaza Catalunya era una gran explanada en las afueras de la ciudad.

Debido a su ubicación estratégica frente a una de las puertas del recinto amurallado, fue ocupada sin orden ni concierto, por todo tipo de gente que levantó casas, carpas de circo y barracas de circo. Buscando fin al desorden, hacia 1852, el Ayuntamiento de Barcelona concibió una plaza para este solar, aunque el proyecto no tomaría forma hasta diez años después. Se expropiaron los terrenos, pero diversos factores históricos y políticos retrasarían su apertura una y otra vez hasta que Alfonso XIII inauguró la plaza el 2 de noviembre de 1927.

La plaza ha sido tanto sede de grandes bancos como del ocio barcelonés con teatros como El Teatre Barcelona, el bar colon, la luna, el suizo o el Zúrich

Canaletes: La Fuente que te hace volver...

Las dos torres que se construyeron a la altura de la desembocadura de las calles Santa Anna y Tallers, sobre la actual Rambla recibieron el nombre de Canaletes a causa de unos canales que se abrieron para evitar que el agua se acumulara al pie de las murallas en los días de lluvia e iban a desaguar en el torrente principal, la Rambla.

Se tiene constancia documentada de la existencia de una fuente en el lugar desde el siglo XVI, y se sabe que de este abrevadero llevaba agua de la mina de Montcada de la que, se decía que tenía muy buen sabor. Cuando en el siglo XIX, se derribaron las puertas de la ciudad, se instaló en su lugar una pequeña fuente de bronce fundido de la que se dice que si la bebes te enamoraras de Barcelona y volverás.

La Avenida más festiva de Barcelona:

Hasta los años setenta, el siglo XX, la avenida del Paralelo, fue la calle de los teatros, los bares y las salas de música por antonomasia de Barcelona.

Con diez teatros y tres salas de music-hall, esta vía era sinónimo de diversión, copas y picaresca. Aunque los bolsillos estuvieran vacíos, personas de todas las edades y condición iban a pasear por el Paral·lel. En una de las calles donde se trasnochaba sin freno, ellos mismos eran el espectáculo.

Su trazado se inicia en la década de los años treinta del siglo XIX. Algunas de las industrias se habían instalado fuera de las murallas y necesitaban una vía poco transitada para la circulación de carros que transportaban material. Así nace un ancho camino que bordea las murallas desde el Portal de Santa Madrona hasta el final de la Calle Sant Pau. En muy poco tiempo, los márgenes de esta carretera se llenarían de obreros de las industrias más próximas y según la documentación municipal de la época se decide bautizar la avenida con el nombre de Paral·lel.

Un viento muy traidor, el de la calle jonqueres:

En el numero 5 de la calle de Jonqueres existía desde los años cuarenta un establecimiento tan barcelonés como la Sagrada Família o la fuente de Canaletas, el comercio era llamado “la casa de las mantas” Y tal vez fuera casualidad, pero esa calle es tenida desde antiguo como las más frías y ventosas de la ciudad. Tras la apertura de la calle junto al convento que llevaba ese nombre, de Jonqueres, se creó la leyenda de que el fuerte viento de la calle era capaz de preñar a las mujeres que circulaban por ella. Durante aquellos años, alrededor del año 1300, aquella creencia dio lugar a situaciones curiosas. Por ejemplo, las mujeres solteras procuraban evitarla los días de viento, por si acaso, y las casadas las frecuentaban cuando querían quedarse embarazadas. También se había dado el caso que algún que otro embarazo clandestino era achacado a un error de la mujer en cuestión por haber transitado por esa calle sin haberse percatado de que hacía mucho viento…

La Magia de los Magos...en la calle Princesa:

Es otro de esos lugares de Barcelona donde se expone desde 1881 todo lo que la ilusión pueda imaginar. El rey de la Magia, en el número 11 de la calle Princesa, fue fundada por el insigne Joaquin Partagás , el más destacado de los magos que ejercieron su habilidad en Barcelona.

En 1878 abrió su primer local en España, en la calle princesa. Tras su muerte en 1931 se hizo cargo de su tienda el otro gran referente de la magia en Barcelona, Carlos Bucheli de nombre artístico “Carlston”, que era maestro en el arte llamado el “falso pulgar” mediante el que se hace desaparecer un cigarrillo encendido dentro de un pañuelo, aunque su espectáculo más famoso sería sin duda “Misterios de la India” basados en auténticas leyendas y tradiciones de aquel país. El Rey de la Magia es el establecimiento más antiguo de España y es de los pocos existentes en el mundo como tal y fue fundado en el siglo XIX, no solo como tienda de objetos sino como auténtica escuela de magia.

Mediodía: la calle mayor del antiguo barrio chino...

En el tramo final de la Rambla, junto al puerto, se han producido algunos de los cambios más importantes de la ciudad urbanísticamente hablando.

La calle Portal de Santa Madrona que ocupa el lugar donde se abría la puerta de la ciudad de ese nombre era el final de una de las calles más importantes el casco antiguo, o el “barrio chino” como se denominaba entonces. Era esta la calle mediodía que iba desde Arco del Teatro hasta el Portal de Santa Madrona y que desapareció a partir de 1953 cuando fueron derribadas sus casas para abrir la que hoy es la Avenida de las Drassanes y que en aquel año llevó el nombre del general García Morato. La calle del Mediodía era sin duda la más importante del barrio chino, con un trasiego constante que la convertía prácticamente en la calle mayor del barrio pero al mismo tiempo era el centro de la delincuencia y el trapicheo del barrio. En sus aceras se acumulaban los antros, las tabernas de mala nota y los prostíbulos más que en ninguna otra calle, con frecuentes peleas, detenciones e incluso muertos. Las crónicas de la Vanguardia de aquella época de final de los ochenta del siglo XIX, está llena de noticias de aquella calle entre las profesionales, tiroteos, suicidios y la más sonada la de la detención de varios individuos que traficaban con cocaína.

El Call (juderías) o bancos privados de los gobernantes:

En todos los territorios catalanes se crearon calls o juderías, pero en comparación con los de Girona o Lleida, el barrio judío de Barcelona era el más grande y poblado de todos. El Call ocupaba los terrenos de la isla que hoy se encuentra entre las calles del Call y Ferran, a un paso de la plaza Sant Jaume.

Como curiosidad cabe decir que Call viene del hebreo “qahal”, que significa reunión, comunidad. Aunque los judíos de Barcelona hablaban catalán y hebreo, rarísimo fenómeno, ya que las comunidades debían adoptar la lengua del lugar en el que habitaban y el hebreo quedaba recluido a los lugares de culto.

Los judíos estaban muy unidos a la vida económica de la Barcelona medieval, pero la comunión con el resto de la vida en la ciudad no era tan amplia.

Por ejemplo tanto judíos como cristianos cogían agua de diferentes fuentes no pudiendo utilizar las mismas, en el barrio de los cristianos no entraban los judíos y lo mismo a la inversa porque a ellos les gustaba mucho mantener la intimidad.

Con la matanza de los judíos de 1391, el barrio murió con sus habitantes, y a pesar del esfuerzo de algunos monarcas, el Call de Barcelona, nunca volvió a ser lo que había sido.

Avinyó y su leyenda con el barrio:

Cuenta Amades que Avinyó era un señor barcelonés piadoso y bondadoso que cuando ya nadie hablaba con los judíos, él todavía lo hacía. Rompía barreras y aceptaba hablar con un judío que ni siquiera era aceptado por los de su propia religión. Un día el judío a quien nadie quería se puso muy enfermo y previniendo su final le pidió a Avinyó que pagara a un pregonero para gritar a todos aquellos que desearan acudir a su entierro que si acudían tendrían derecho a compartir sus bienes entre ellos. De poco sirvió la difusión de la noticia puesto que al entierro del pobre judío marginado sólo acudió el señor Avinyó.

Apenado por la pérdida, fue a la casa del difunto para recoger las pocas cosas que imaginaba encontrar, pero su sorpresa fue increíble cuando descubrió que debajo del jergón de la cama se escondía una trampa que escondía millones de riquezas.

Aquel hombre de apellido Avinyó, para sacar provecho a todo lo acumulado compró tantas propiedades en la calle donde vivía que esta terminó adoptando su nombre para recordar que a veces, el tiempo, sí pone a la gente en su sitio.

De un convento nació un mercado, la Boquería:

Donde ahora se encuentra el mercado de la Boquería había el convento de Sant Josep, que desapareció en 1835, pero este pasó a mejor vida durante la bullanga de mediados del 1800 que exaltó las calles de Barcelona. En su legar se dejó una gran explanada rodeada de un soportal. Con una superficie de 2.583 metros cuadrados.

El mercado de la Boquería era el más grande de España. Dicen que fue el inicio de la venta de flores en las Ramblas pues existía la costumbre de obsequiar con una flor a la clienta cuando hacia la compra.

El mercado de sant Antoni fue un cadalso de reos:

En la manzana comprendida entre las calles Compte Borrell, Tamarit, Compte d´Urgell y Manso se levanta el mercado de Sant Antoni, uno de los más antiguos de la ciudad, construido entre 1872 y 1882 por Rovira i Trias. Las murallas de la ciudad se acababan de derribar y Barcelona crecía en todas direcciones, ocupando el Pla, zona agrícola y agreste que la rodeaba por norte y sur, uniendo los pueblos limítrofes, basados en el Eixample de Cerdà, la zona de Sant Antoni se encontró con un problema inesperado. En el lugar donde hoy se levanta el mercado, un erial desde tiempos inmemoriales, se había levantado uno de los cadalsos de la ciudad donde se ajusticiaba, tradicionalmente por ahorcamiento, a los reos. Cuando se planeó la construcción de las viviendas, los vecinos más cercanos explicaron que desde hacía años atrás, los espíritus de los ajusticiados vagaban por el lugar y no permitían el paso por donde habían muerto. De un modo discreto, el Ayuntamiento optó por urbanizar la zona y construir allí un mercado porque nadie tendría que pasar la noche en él soportando la cólera de los fantasmas.

La calle dels Petons, el último beso antes de morir:

Se cuenta que la última oportunidad que los condenados a muerte tenían para despedirse de su familia y amigos era en una pequeña calle que desemboca en la calle comerç. Pasada esta calle, eran conducidos a la explanada de la Ciutadella donde se les colgaba, (más adelante con la supresión de la horca, se les mataba con el garrote vil). Este callejón se le conoce como la calle dels Petons (de los besos).

Calle Bòria donde castigaban los delitos con azotes públicos:

La práctica de castigar públicamente a algunos delincuentes con azotes (hasta inicios del siglo XIX) mientras se les hacía recorrer determinadas vías entre las que estaba la de Bòria, barriada foránea o arrabal, ya que esta fue la primera calle en crecer fuera de las ciudades de las murallas. Estos castigos los hacían tanto a pie como montados a caballo y los condenados a muerte acababan su camino en Pla de Palau (la actual Plaza España), donde les esperaba la horca.

Era muy normal ver a personas cogiendo trozos de las sogas usadas en los lugares donde se realizaban las ejecuciones al existir la creencia de que la cuerda que se había usado traía buena suerte.

La “Font del Gat” y otras magias:

Las leyendas sobre Montjuïc, afirman que su interior está socavado por infinidad de túneles y que eso le da una enorme importancia telúrica o lo que es lo mismo a la energía que emana de la Tierra. Aunque no ha podido ser comprobado por la arqueología, se dice que la montaña estuvo ya poblada en el Paleolítico y prueba de ello era un dolmen existente en la vertiente marina y que fue derribado sin ningún respeto a mediados del siglo XIX.

Pero sin duda el lugar más mágico de la montaña es la Font del Gat. En sus inmediaciones se reunían los brujos y brujas de la ciudad que acudían en procesión desde su lugar cita en la calle de la cadena. En silencio y con antorchas encendidas, subían montaña arriba hasta llegar a la fuente situada en los llamados hoy Jardines Laribal, junto a la cantera mágica que hoy ocupa el teatro griego. Esas reuniones aquelarres, desaparecieron a mitades del siglo XIX pero nunca ha dejado de ser un lugar de cita de ocultistas y brujos que lo siguen considerando un espacio mágico.

Las brujas de Sant Ciril:

Muchas de las calles del barrio de la Ribera, la mayoría abiertas alrededor de la antigua plaza del Born, hoy paseo, estaban dedicadas a las diferentes cofradías y gremios profesionales que solían agruparse por las mismas vías. Una de estas calles fue la de Sitjar que hace referencia a los constructores de los silos, los depósitos para almacenar el grano. Cuando estos constructores se trasladaron a la calle Tallers, a mediados del siglo XIX, la calle adoptó el nombre de Banys Vells por unos antiguos baños de origen árabe existentes en la misma calle. Cuenta la tradición que al final de esta calle, tal vez en la del Sombrerers, frente a la iglesia de Santa Maria del Mar hubo una taberna que llevaba el nombre de Sant Ciril donde se dice que se reunían las brujas y confeccionaban ungüentos y pócimas mágicas. El ungüento más conocido y apreciado era una cataplasma hecha con golondrinas hervidas en vino tinto y era una pócima recomendada para eliminar el “mal de ojo”. Cuenta la leyenda que salían de la taberna volando y daban unas vueltas por encima del cementerio, del fosar de Santa Maria, antes de salir a campo abierto donde realizaban sus reuniones.

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